No es lo mismo la
memoria operativa, la implícita o la explicita. Tampoco la que funciona a corto
o a largo plazo, la biográfica, la semántica o la visual. Pero la pregunta
clave es ¿Sabes distinguirlas? Y lo que es más importante ¿Sabes cómo y cuándo
entrenar cada una de ellas?
Son preguntas
importantes, porque al igual que el cuerpo, nuestro cerebro necesita trabajar
sus propios “músculos”. Y siguiendo con el símil, no sería bueno, que buscando
definir el abdomen, nos centráramos en los gemelos.
O dicho en clave cerebral… Si necesitamos potenciar nuestra memoria explícita semántica y a largo plazo, es necesario que sepamos qué es y cómo hacerlo, afinar la técnica y así ajustarla lo más posible al objetivo. Así que… ¡Vamos a ello!
LA MEMORIA
IMPLÍCITA.
Montar en bici
nunca se olvida. ¿Por qué? Porque queda grabado en tu memoria implícita, lo
sepas o no. Allí también tienes guardadas muchas más cosas: el habla, la forma
de caminar, la de posar ante una foto y si sabes conducir, la de meter primera.
La repetición de
un circuito psicomotor lo convierte en automático y a partir de entonces, no
tenemos que preocuparnos por recuperar esa información, tu cerebro lo hace
solo, digamos que para facilitarte la vida.
¿Cómo se
trabaja?
Fundamentalmente
por repetición. Necesitamos repetir determinados movimientos o circuitos
cerebrales con frecuencia para grabarlos de forma implícita en nuestro cerebro.
Y ¿Para qué puede
sernos útil si estamos opositando? Por ejemplo, para un examen de mecanografía
o para mejorar nuestra caligrafía. Si le dedicamos varias jornadas de
entrenamiento optimizaremos estas técnicas, activando así la memoria implícita.
LA MEMORIA
EXPLÍCITA.
Es la más
consciente. La que desarrollamos cuando recordamos cualquier evento, el libro
que estamos leyendo o la tabla de multiplicar. Es la biblioteca nacional de
nuestro cerebro. Allí guardamos todo. Ahora, lo ordenado o bien clasificado que
esté el material es otra cosa.
Si estudiamos una
oposición tendremos un ala enorme de la biblioteca dedica a todo lo que estamos
aprendiendo, pero cuánto tardemos en un momento dado en encontrar un dato
concreto es otro cantar. ¿Por qué? Porque si lo guardamos hace mucho
necesitaremos de la memoria a largo plazo y nos costará más encontrarlo. En
cambio, si el dato se encuentra en el “libro” que tenemos abierto ya encima de
la mesa (memoria a corto plazo) será mucho más fácil.
Por eso es bueno trabajar ambas. Jugar con el material actual, para no perder el ritmo de nuestra memoria a corto plazo, pero también con el pasado, para actualizarlo cada poco tiempo.
En ese sentido, no olvides que a tu memoria, como a la de cualquiera, le afecta la famosa curva del olvido. Por eso te recomendamos tenerla siempre en cuenta a la hora de programar tus repasos y de conseguir que el acceso al archivo de la memoria a largo plazo sea lo más sencillo y ordenado posible.
¿Cómo se
trabaja?
Con diferentes técnicas. Algunas potencian especialmente la memoria a largo plazo. Por ejemplo, las flash card, que nos permite recordar contenido en cualquier momento, reforzando con señales clave el camino hasta la información que necesitamos.
Además existen técnicas muy específicas, como la de la asociación o la de “los mogotes” en el camino, que funcionan tan bien como el ovillo que utilizó Ariadna para salvar a su amado Teseo en el laberinto del Minotauro. Y que, no lo dudes, puede salvarte a ti también el día de la oposición.
Están también los mapas mentales, que fortalecen la memoria explícita visual y otras muchas estrategias. Por eso, elige la que más se ajuste a tus necesidades en cada momento.
Y recuerda que sobrecargar el cerebro puede perjudicar seriamente este tipo de memoria. Con lo que debes evitar siempre los atracones de estudio, las jornadas sin descanso, mucho más si se acerca el día del examen.
LA MEMORIA OPERATIVA.
También llamada
ejecutiva o de trabajo, se trata de una memoria procedimental. Es el “sistema
operativo” que utilizamos. Así que, si es parecido al de la última versión del
iPhone, mejor ?.
Es tan funcional
que es la que utilizas para toda clase de actividades (las funciones ejecutivas),
para recordar lo que tienes que comprar en el super, para organizar tu
estrategia en una partida de ajedrez, para seguir el hilo de una película o
para escribir un ensayo con todo lo que has aprendido en la clase de hoy.
Por tanto, cuanto
más potente y sofisticado sea nuestro sistema operativo, mejor y más rápido
podremos realizar las tareas ejecutivas. Es decir, mejora con el uso, pero
también cuando subes el nivel.
¿Cómo se trabaja?
Durante el estudio de una oposición la necesitarás para ponerte a prueba. De momento, puedes hacer pequeños resúmenes o esquemas, que desarrollen el razonamiento sobre la información adquirida. Pero también simulacros del día del examen, que serán más efectivos todavía si vas aumentado su dificultad.
Es muy útil, porque te permitirá entrenar las “funciones” que realizará tu cerebro el día del examen, ya sea escribir un ensayo o responder de forma rápida a preguntas tipo Test.
Así que, como verás, si eres estudiante, tendrás que hacer un entrenamiento casi completo y desarrollar, en mayor o menor medida según el caso, estos tres grandes tipos de memoria.





