La capacidad de concentración es variable. Y lo mejor,
podemos aumentarla o disminuirla con nuestro comportamiento diario. Eso sí, tenemos
que saber cómo hacerlo, porque no es tan fácil.
La concentración no depende solo de la voluntad o de la
disciplina. Es decir, podemos colocarnos delante de un libro con la firme
intención de pasar toda la mañana estudiando, pero no concentrarnos
suficientemente en nuestra lectura.
En este sentido la concentración no funciona como la memoria,
que cuanto más la ejercitamos, más aumenta.
La razón es que la mayoría de las cosas que podemos hacer para mejorar nuestra concentración son indirectas. Y algunas de ellas hasta sorprendentes, como escuchar música o garabatear.
Otras pasan por la creación de hábitos de estudio que la favorecen,
como te explicábamos en esta
entrada.
Todos ellos basados en tres REGLAS BÁSCIAS:
- Escucha a tu cuerpo, pero no demasiado…
Es cierto que el cuerpo, y también el cerebro, tienden a
ahorrar energía. Por eso la disciplina y la voluntad son necesarias para cumplir
con nuestros objetivos, a pesar de que en ocasiones la pereza nos invada.
Pero no, los cafés que nos mantienen con los ojos como platos
no sirven de nada. Tenemos que aprender a escuchar a nuestro propio cuerpo y
saber cuándo es necesario tomar
un descanso, parar y hasta divagar por un rato. Porque en muchas ocasiones
es justo después de ese parón, cuando nuestro cerebro nos sorprende con una
altísima capacidad de concentración.
Descansando justo cuando lo necesitamos ganaremos en productividad.
Y, por supuesto que hay técnicas, aquí te dejamos algunas, pero esto pasa
también por aprender a conocernos cada vez más y mejor. Y saber cuándo tenemos
que esforzarnos y cuándo descansar.
- Hábitos y rituales a medida…
Los rituales y los hábitos forman parte de nuestro comportamiento
como humanos desde siempre. Los hay de todo tipo, sociales, culturales, religiosos,
familiares, etc. Y, por supuesto, que cada individuo tiende, de forma natural,
a crear los suyos propios dentro de su rutina. Más aún cuando nuestra jornada
no depende de elementos externos, sino que es fruto de nuestra propia
organización.
Por eso te animamos a revisar estas prácticas, porque o te
están ayudando a ser más productivo cada día, o al contrario, te están restando
concentración. Ya te lo decíamos hace poco, en general… ¡Póntelo
fácil!
Pero ten en cuenta que tanto los hábitos (cotidianos), como los
rituales (en relación solo con determinados momentos) más adecuados, no son los
que le sirven a otra persona. Pues pueden no funcionar en tu caso. Son útiles para
inspirarnos, pero no para copiarlos a pies juntillas, porque cada individuo tiene
sus propias características y sus propias circunstancias. Tu ritual debe
funcionarte, fundamentalmente, a ti.
- Crea tus propios ejercicios de entrenamiento.
Como ya te hemos comentado en varias ocasiones, ejercitar el
cerebro es tanto o más importante que ejercitar el cuerpo. Y lo mejor, es que
suele ser un camino de ida y vuelta. De manera que muchos de los ejercicios que
fortalecen nuestros músculos mejoran también nuestras funciones cerebrales.
Entre ellos bailar, salir a correr, hacer yoga, o meditar. Pero también jugar a juegos de mesa o leer libros aumenta nuestra concentración. Todas éstas son actividades positivas para el fortalecimiento de nuestra concentración, por lo que la elección por uno o varios de ellos solo depende de ti.
Además, hay que tener en cuenta que factores como el estrés
(que ha aumentado dramáticamente durante la pandemia) son obstáculos para la
concentración. Por lo que habría que añadir que todo elemento que nos relaje
mentalmente, desde pasar el fin de semana en el campo, hasta dar clases de
natación, será también beneficioso cuando, posteriormente, decidamos sentarnos
delante del libro.





