Duerme en tu cama, no sobre el libro

Sin duda la almohada es mucho más cómoda que las páginas de un libro de Derecho Administrativo, pero no siempre dormimos cuando y donde más nos conviene.

Con frecuencia minimizamos la importancia del descanso y del sueño, pero son incontestables los estudios que confirman la estrecha relación entre uno y otro. Si estudias debes descansar correctamente, y por supuesto eso no se traduce en una siesta con el cuello retorcido sobre la mesa.

Por eso ya te hemos hablado de la importancia de un orden adecuado de estudio, descanso y deporte, o de cómo dormir bien para estudiar mejor, dos entradas en las que destacamos la importancia del sueño a la hora de rendir en los estudios.

Pero hoy queremos ser todavía más concretos y darte 4 claves para evitar cabecear mientras repasas hasta caer rendido con los apuntes en la mano. No sólo porque mejorará tu rendimiento, tu concentración y tu memoria (eso precisamente es lo que afirman los estudios) sino porque también tu espalda te lo agradecerá.

 

 

Estas son 4 claves para imprescindible para mantener un buen equilibrio entre estudio y sueño:

  1. ILUMINACIÓN. Si vas a empezar a leer hazlo con toda la habitación iluminada, y nunca con un único foco apuntando a las páginas que tienes por delante. Además, ten en cuenta que las luces blancas cansan menos que las cálidas a la hora de estudiar.

Y, eso sí, cuando llegue la hora del sueño acuérdate de eliminar todos los focos de luz. Por eso la noche (huelga decirlo) es el momento ideal para el descanso diario. Aunque si no es así, al             menos ¡baja las persianas!

  1. TIEMPO Y ESPACIO. La hora correcta, tanto para estudiar como para dormir, va a depender de nuestro ritmo circadiano. Es decir, no es la misma para cada persona, y depende de cuándo nos encontramos más despiertos, cuándo tenemos más capacidad de concentración, y cuándo caemos inevitablemente rendidos. Suele coincidir con el ciclo natural de la luz (día y noche) pero no siempre es exacto.

Lo que sí es común a la mayoría de nosotros es la necesidad de separar los espacios. Es muy bueno estudiar en una habitación completamente diferente a aquella en que descansamos. Si               no, corremos el riesgo de que los libros se nos “cuelen” hasta en sueños.

  1. POSICIÓN. Colocar la espalda recta, y el libro en un ángulo de 45 grados. Apoyar los riñones en una silla cómoda y recta, y nunca, nunca leer en la cama. Estas son las reglas básicas, y una vez que las sigues resultan muy sencillas.  Desde luego, no es tan difícil como dominar las figuras del ballet clásico, así que no te preocupes si tienes otros hábitos, será sencillo cambiarlos…

Además, recuerda que una buena posición no sólo es sinónimo de bienestar físico, sino que nos ayuda a focalizarnos más y mejor en la tarea que estamos realizando. De hecho, ¡quién                   puede concentrarse en nada si le duele el cuello, la espalda, y hasta la rodilla!

  1. FASE REM. Dormir profundamente es una de las claves para no caer en las garras de Morfeo cuando nos sentamos a estudiar. Y es que los últimos avances en neurociencia demuestran que el sueño profundo está relacionado con un mejor funcionamiento de nuestro cerebro. En definitiva, no sólo se trata de dormir el tiempo suficiente, sino, fundamentalmente, de tener un sueño verdaderamente reparador. Y en este sentido profundidad sí es sinónimo de calidad.

Y… ¿Qué pasa con la siesta? Esa costumbre tan española… Pues lo mismo que con el tiempo, que depende de cada uno de nosotros y de nuestros propios ritmos.

En resumen, descansa más a menudo de lo que lo haces, y hazlo con “todos los lujos” y comprobarás que tu rendimiento durante el estudio es muy superior. Y si ya lo haces, no abandones este hábito tan regenerador.

Porque soñar profundamente, a pierna suelta y las horas necesarias, te permite, a su vez, soñar a lo grande 😉

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