¡Póntelo fácil! Un buen truco para cambiar de hábitos

Si llevas tiempo queriendo cambiar algunos hábitos y no lo has conseguido… Aquí te dejamos un buen truco. Tan sencillo como efectivo.

Empezar a ponértelo un poco más fácil cada día (o un poco más difícil…). Todo depende de tu objetivo. La clave está en lograr que, realizar la acción que deseas convertir en hábito, te tome menos de 20 segundos. O al contrario… Que, realizar la acción que quieres evitar que se convierta en un hábito, te tome más de 20 segundos.

Todo parte de una idea base. Nuestro cerebro es perezoso (le gusta ahorrar energía), y tiende a elegir el camino más fácil. Es decir, si tenemos a mano una opción y no otra, es más probable que optemos por la que nos resulta más sencilla de realizar.  

Por supuesto, tú eliges el hábito, pero aquí te dejamos algunos ejemplos…

SUPONGAMOS QUE QUIERES EMPEZAR A…

  • …Utilizar los momentos en los que vas en coche para repasar el temario. Pero no lo logras, y siempre terminas escuchando tu emisora favorita.

¿Qué puedes hacer?

Una buena opción sería configurar la radio de tu coche, para que en cuanto la prendas aparezca, por ejemplo, toda la legislación de tu oposición en formato mp3, y no la emisora que siempre escuchas. De esta manera, como volver a configurar tu radio favorita te llevará más de 20 segundos, terminarás escuchando los artículos de la Constitución una vez más. ¡Y, por supuesto, aprendiéndolos al dedillo!

  • Hacer algo de deporte durante 20 minutos a mitad de mañana, para despejarte y regresar nueva frente a los libros. En ese caso es bueno que te vistas con ropa deportiva desde primera hora. Y que dejes a mano tu colchoneta. En caso contrario, si eliges prendas poco apropiadas para una carrera, un estiramiento o una sesión de abdominales, es probable que termines haciendo cualquier otra cosa. Y es que todos, por muy rápidos que seamos, demoramos más de 20 segundos en cambiarnos de ropa.

Probemos ahora con los ejemplos contrarios.

SUPONGAMOS QUE QUIERES DEJAR DE…

  • …Mirar el móvil a cada rato mientras estudias. Las soluciones pueden ser más simples de lo que piensas. Déjalo en el lugar más alejado posible de tu escritorio, de manera que te tome más de 20 segundos ir a por él para echarle un vistazo. O puedes desinstalar algunas aplicaciones, de manera que cada vez que quieras entrar en ellas tengas que buscar la página, introducir el usuario y la contraseña.
  • Postergar la parte del temario más difícil. Todos hemos caído en la tentación de ir dejando para el final las tareas más complicadas. Por eso, un buen método es hacerlo inevitable. Y prepararlo todo el día anterior.

Es decir, dejar el libro abierto por la parte del temario que nos da más miedo abordar. Y no anotar las tareas más sencillas hasta haber cumplido con ello. Así, cuando amanezcamos, lo enfrentaremos casi sin pensarlo. Y lo mejor, lo haremos al inicio, justo cuando estamos con la cabeza más despejada.

Conclusión… Antes de llenar tu agenda para el próximo año con propósitos que nunca llegarán a cumplirse, anota el truco de los 20 segundos. Y guárdalo, como un comodín que podrás usar cada vez que quieras cambiar de rutina y no sepas por donde empezar. 😉   

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