¿Tienes un motivo? Si la respuesta es sí, puedes estar tranquilo.

Puede ser grande o pequeño, reducirse a simple curiosidad o convertirse en el verdadero leit motiv de nuestra vida. Y es que su tamaño o su dimensión no importan tanto como su presencia constante. Así lo cuentan la mayoría de quienes han logrado su plaza, como Fernando Viqueira, hoy funcionario del Cuerpo de Gestión del Estado.

Un motivo es todo aquello que nos impulsa a movernos en una dirección, y por tanto es la primera piedra en el camino hacia el éxito. O dicho de otra manera, el primero de los 4 procesos esenciales del aprendizaje, y un faro en medio de las tempestades, como te explicábamos en este artículo.

También nos lo contaba así nuestra compañera María Delgado.

La motivación es lo que nos mantendrá despiertos una larga noche de invierno hasta terminar el tema, lo que nos llevará a repetir la información una y otra vez hasta interiorizarla, y finalmente lo que provocará que nuestro objetivo se convierta en realidad, sea éste obtener un título o alcanzar una plaza de funcionario público. Tú motivo ¡es tu fuerza!

Eso sí, la motivación fluctúa, sube y baja como la marea, aumenta y disminuye, y esto es completamente normal. Eso no significa que desparezca, pero sí que debemos aprender a manejarla para sacarle el mayor provecho posible.

Por eso aquí te dejamos 3 claves para que tu motivo se convierta en tu mejor aliado.

  1. CUANDO ESTÉS LLENO DE ENERGÍA TRABAJA Y… ¡DIVIÉRTETE!

Es el equivalente a surfear la ola perfecta. Cuando sientas que tu motivación está en lo alto no lo desaproveches y dedica ese tiempo a trabajar en tu objetivo. Será el tiempo mejor aprovechado de todos porque no sólo estarás aprendiendo, sino que también te divertirás y está comprobado que esto aumenta drásticamente nuestra capacidad de atención y de memorización.

  1. CUIDA TU CUERPO. SI ESTÁS AGOTADO ¡DESCANSA!

No hay nada peor que un estudiante al que se le cierran los ojos línea tras línea. Si sientes que no puedes más, no fuerces a tu propio cuerpo y relájate. Nuestro organismo no es una máquina que podamos programar, tiene sus tiempos y es importante respetarlos. Esto no significa que hayamos perdido la motivación, tan sólo que nuestra energía está en mínimos y necesitamos recargar las pilas.

Porque no olvides que una mente despejada retiene información, mientras que una saturada la expulsa.

  1. RECONOCE TUS ÉXITOS Y ¡CELÉBRALOS!

No importa cuán pequeños sean. Si sentimos que el tiempo nos ha cundido, que hemos hecho más de lo que esperábamos o que hemos alcanzado sobradamente con nuestro objetivo para ese día hay que celebrarlo.

Basta con hacernos pequeños “regalos”: un helado, una buena película, un baile o cualquier cosa que nos haga felices.

La motivación se nutre de estos mini-éxitos para no desaparecer. Por eso es importante reconocerlos y celebrarlos.

Y recuerda, que si tienes un motivo y lo cuidas puedes estar tranquilo, porque antes o después él te llevará derechito hacia tu objetivo.

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