Los esquemas nos organizan la información. Más aún cuando es vasta y necesitamos ordenarla muy bien. No solo para comprenderla, también para recuperarla dentro de la gran biblioteca de la memoria.

Sin embargo,
muchas veces quedamos encajonados en uno solo. Nos acostumbramos a un esquema y
lo realizamos siempre de la misma forma. Es cómodo y, por tanto, más habitual
de lo deseable. Porque limita nuestras posibilidades.

Por eso hoy queremos ampliar tus “mapas conceptuales” lo más posible y darte múltiples opciones. De manera que los tengas a mano para elegir el que más se adapte a tus necesidades en cada momento.

Los esquemas
de llaves o cuadros sinópticos.

Tan habituales
que es probable que hayan quedado como tu esquema “tipo”. A los que acudes por
defecto cada vez que tienes que realizar uno. Permite una información
jerarquizada, por lo general de derecha a izquierda (aunque también pueden
realizarse en vertical), ampliando o cerrando divisiones y subdivisiones, según
las necesidades. 

Los esquemas de
llaves tienen la ventaja de identificar la información más importante o general
a golpe de vista e ir ampliándola o detallándola poco a poco, sin un límite más
allá del material en que lo realicemos.

Su desventaja
principal es que es más difícil mostrar otros tipos de relaciones
(horizontales, sistémicas, etc.).

Los diagramas.

Son también un
clásico. Y muy comunes en libros de texto y material didáctico.

Al igual que los
cuadros sinópticos permiten jerarquizar la información de forma muy precisa.
Más habitualmente de arriba hacia abajo, aunque también pueden realizarse de
derecha a izquierda.

Su ventaja
principal es que no solo permiten visualizar relaciones de jerarquía,
divisiones o subdivisiones, sino cómo una información nos conduce a otra,
aunque estén en puntos diferentes y muy apartados dentro del mismo esquema. Es
decir, permite visualizar también relaciones horizontales o sistémicas.

Su única
desventaja es que realizar un buen diagrama requiere un conocimiento muy
detallado de la materia y es improbable que podamos realizar uno lo
suficientemente completo hasta que dominemos el tema en profundidad.

Los mapas
conceptuales.

Son ideales para
mostrar de forma rápida una relación entre diferentes ideas o conceptos. Lo
normal es colocar la idea (o ideas) principales en el centro o en una zona
visual predominante e ir enlazando mediante distintos símbolos otros datos
relacionados.

Puede tratarse de
varios conceptos que interactúan o amplían la información principal. También de
conceptos que se complementan, otros que funcionan de forma jerarquizada o
diagramática o incluso mediante distintos sistemas.

Son,
probablemente, el tipo de esquema que más opciones nos ofrece, con múltiples
subtipos y formas de relacionar unos datos con otros.

De esta forma podemos recrear todo tipo de interacciones, desde una simple relación de reciprocidad entre dos conceptos hasta un verdadero multiverso. El límite… ¡Realmente lo pones tú! Ésta es su gran ventaja. Junto con el hecho de que podemos realizarlos de forma rápida, grosso modo y según vamos conociendo la información. O bien de forma más elaborada, cuando somos conscientes de todas las aristas de un determinado tema.

En contra tienen
poco, salvo que dependen, en buena medida de nuestra creatividad y capacidad.
Aunque ya sabes, que, igual que el camino se suele hacer caminando, un buen
mapa conceptual se suele lograr practicando y practicando.

Los esquemas
de desarrollo.

Son los que
suelen utilizarse en los índices, por su capacidad para ordenar la información
en categorías claras, con tantas divisiones o subdivisiones como necesitemos.
Es muy habitual utilizar para ello numeraciones con diferentes formatos.

En cambio, el
hecho de que sean tan comunes al inicio de libros o todo tipo de temarios no
debe impedirnos ver su permanente potencial para visualizar de forma rápida
cualquier relación de jerarquía, sea del tipo que sea.

O, por poner un
ejemplo, si necesitas enumerar los artículos de una ley de forma rápida, no se
me ocurre nada mejor que un esquema de desarrollo.

Por tanto, te
recomendamos tenerlos siempre en cuenta.

Los globos.

Son poco
utilizados y no siempre considerados como parte de un esquema.

Sin embargo, los
hemos incluido en esta categoría, al permitir resaltar información, en forma de
síntesis, aclaración al margen o ampliación del tema de forma muy visual.

Bien utilizados,
terminan por esquematizar o jerarquizar una información inicialmente
desarrollada mediante texto.

Además, los hay de muchos tipos, podemos usar una forma de bocadillo para una anotación al margen, o a pie de texto, pero también círculos o cualquier otra forma geométrica. La clave está en insertarlos dentro de forma adecuada, resaltando el tipo de información que necesitamos y dotándola así de una categoría (información principal, secundaria, etc.).

Y no olvides que
una información bien organizada en el papel o el ordenador, suele ser el
reflejo de una cabeza, a su vez, muy bien amueblada.