¿Influye el calor en nuestra capacidad para estudiar?

¡Por supuesto! Según varios estudios (uno de los más extensos de la Universidad de Havard) una temperatura demasiado elevada disminuye el rendimiento de los alumnos. Nos concentramos menos, nos fatigamos antes, etc.

¿Cuánto? Pues los datos son claros. Por encima de los 21 grados centígrados empieza a detectarse una disminución en el rendimiento y ésta se acelera a partir de los 32, convirtiéndose en drástica si supera los 38.

De hecho, algunos estudios han calculado que por cada 0’55 grados de más disminuye un 1% el rendimiento en el estudio.

Conclusión: la sensación de que nos concentramos menos cuando estamos sometidos a altas temperaturas es real.

Entonces surge la pregunta clave: ¿Cómo combatirlo?

  • NUEVO ESPACIO. Creando un ambiente adecuado. El aire acondicionado es el mejor aliado. Con él podemos regular la temperatura, adecuándola a nuestro propio cuerpo. Porque te recordamos que en esto tampoco hay reglas fijas y no todos los organismos se sienten cómodos a la misma temperatura. Por tanto… Busca la tuya y si puedes…. ¡Conecta el aire!

Pero no todos los estudiantes tienen acceso a un sistema de refrigeración del ambiente tan sofisticado. Menos aún en estos momentos cuando el acceso a bibliotecas o centros de estudio puede verse limitado por la emergencia sanitaria.

Si es tu caso, te recomendamos buscar el lugar más fresco de tu hogar y acondiciónalo especialmente.

Puedes hacer uso de ventiladores, plantas y espacios en sombra, de aquellos que de por sí están menos expuestos al sol.

  • MÁS HIDRATACIÓN. Beber agua es otro elemento fundamental, pero que provoca más olvidos de los que debería. Y es que funcionamos mediante costumbre. Por tanto, después de una larga temporada de invierno, donde necesitamos menos hidratación, es fácil que “nos olvidemos” de que tenemos que aumentar nuestra ingesta diaria de líquidos.

Si es tu caso te recordamos lo importante que es tener un buen vaso de agua fresca siempre al lado del libro. O incluso puedes probar con limonadas, jugos de frutas, granizados o combinados de fruta y verdura fresca.

Eso sí, evita todo lo posible las bebidas carbonatadas o gaseosas, pues ayudan menos a combatir el calor y con frecuencia te hacen sentir más fatigado.

  • MÁS DESCANSO. Descansa más a menudo o incrementa el tiempo y la calidad de tus descansos. Parece obvio, pero muchas veces no nos damos cuenta de que si aumenta nuestra fatiga tenemos que aumentar también nuestra capacidad de respuesta a la misma.

Es decir, que, si antes necesitabas un descanso de 10 minutos cada hora, es posible que durante esta temporada necesites recesos más largos, de al menos 20 minutos o más frecuentes, por ejemplo de 5 minutos cada media hora.

Recalcula el tiempo de descanso en función de tus necesidades, y aumenta también la calidad de estos.

Y ten en cuenta que el objetivo es refrescarse, así que si tienes la oportunidad de pegarte un chapuzón entre epígrafe y epígrafe o de pasear por una zona ajardinada bajo la sombra de los árboles a mitad de jornada no dejes de hacerlo.

No solo te revitalizará, sino que multiplicarás tu capacidad de concentración y de memoria.

La temperatura tiene un impacto directo en el organismo. Por tanto, debemos cuidarla para que el verano se convierta en un aliado y no en un enemigo. En ese tiempo en el que tomar bocanadas de aire fresco, y renovarnos sin perder el ritmo.

 

 

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