Cómo mejorar la eficiencia lectora. Primera parte: la velocidad

En un post anterior titulado “Claves de un estudio eficiente” (pincha aquí para leerlo si te lo perdiste) comentábamos expresamente la importancia de la eficiencia lectora para lograr un estudio de calidad ya que velocidad sin comprensión sería inútil.

Hoy queremos profundizar un poco más en la lectura y su aplicación al estudio ya que consideramos que es un pilar fundamental y mucho de nuestro alumnado, al no ser consciente de ello, no se esfuerza en optimizarla, perdiendo tiempo de estudio e incluso el día del examen.

Para poder mejorar en algo debemos empezar por saber dónde estamos realmente, por eso te recomendamos arrancar con una reflexión previa a partir de un artículo que ya publicamos (pincha aquí para leerlo con calma). Luego ya nos vamos a centrar en los tipos de lectura que podemos reconocer. Básicamente, y simplificando mucho, podemos distinguir dos grandes tipos de lectura, te los retratamos someramente en esta infografía y luego pasamos a comentarlos:

  • La lectura integral, que es el tipo de lectura habitual. En ella se leen todas las palabras del texto utilizando el sistema de abarcar línea por línea. Lógicamente necesita tiempo, es decir, podemos calificarla de lenta.Dentro de ella podemos distinguir a su vez la lectura reflexiva y la promedio, en las que se pretende comprender en profundidad la información (la primera de hecho necesita gran concentración para lograr un análisis más profundo de lo leído) pero carecen de las técnicas que optimizan la velocidad sin perder lógicamente la comprensión.
  • La lectura selectiva, mediante la cual no se leen todas las palabras del texto sino que el ojo entrenado para seleccionar aquellas palabras e informaciones relevantes y significativas, se desliza a través del texto moviéndose en horizontal, vertical y diagonal.

La gran ventaja de la lectura selectiva es que con ella se pueden lograr grandes velocidades así que este tipo es el que se recomienda entrenar para optimizar el tiempo que dedicamos a leer, estudiar e incluso contestar el día del examen.

Eso sí, no debemos olvidar que según sea el objetivo de la lectura deberemos ajustar la velocidad, es decir, el siguiente elemento clave para avanzar hacia una mayor eficiencia de nuestra lectura es la flexibilidad lectora que consiste en la capacidad de ajustarse a las características del material según los propósitos de la lectura, el tiempo disponible y las características del texto.

Por ello, si bien debemos entrenarnos para conseguir ser lectores veloces no implica que siempre tengamos que practicar lectura veloz, sino que nos proporciona la posibilidad de aumentar o disminuir la velocidad sin que por ello merme la capacidad comprensiva.

En el próximo post sobre la eficiencia lectora comentaremos precisamente cómo mejorar la comprensión, el otro pilar para que nuestra lectura sea eficiente. Confiamos que este artículo haya sido interesante. Como siempre, antes de marcharte agradeceremos tus preguntas y observaciones personales en los comentarios.

Para suscribirte al blog y recibir notificación de nuevas entradas, mira a pie de página.

1 Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *