Somos el estado del bienestar

Creo que todos estamos de acuerdo en señalar que vivimos tiempos convulsos, o incluso extraños, si se me permite la expresión. Y gran parte de la confusión que vivimos actualmente yace, seguramente, en el hecho de que no hay precedentes de una crisis como ésta en la que nos encontramos inmersos.??

Ésta es una crisis singular, ya que no es sólo de carácter económico. Nos hallamos ante una crisis estructural que hace que se estén poniendo en tela de juicio conceptos que se habían considerado intocables en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: por ejemplo, el Estado social, o el Estado del bienestar. Es este modelo de Estado el que garantiza servicios universales a todos los ciudadanos, como por ejemplo la educación, la sanidad, la seguridad pública…??De hecho, las protestas ciudadanas que han ido surgiendo de forma espontánea desde el 15 de mayo muestra el descontento ciudadano ante la amenaza de esos valores que tanto costó consolidar.

Tal como han apuntado ya algunos colegas, no hay que olvidar en ningún momento que hacen falta dos elementos para que este Estado del bienestar siga funcionando: recursos materiales y recursos humanos. Todos tenemos conocimiento de las directrices comunitarias que apuntan a la contención del gasto y de la deuda de los Estados miembros de la Unión Europea, y que el Estado español no es ajeno a estos recortes (menos aún ante el objetivo de evitar un rescate económico). Evidentemente, la mencionada contención y los recortes incidirán de forma directa en nuestro Estado del bienestar: a menos recursos materiales, menos servicios podrá ofrecer la Administración. O incluso: los mismos servicios, pero con menos empleados públicos que puedan atenderlos de forma correcta.??

Sobre el tejado de los empleados públicos recaen grandes responsabilidades, pero también sacrificios que nadie menciona: de todos es sabido que los funcionarios hemos sufrido recortes muy severos, que en muchos casos han ido bastante más allá del 5% que comentaban los diarios. Si se me permite el ejemplo, en el caso de los funcionarios de grupo A, subgrupo A1, la media de reducción de la nómina mensual rondaba el 8%, y la reducción de las pagas extra, el 46%. Y este dato no fue comentado en ningún periódico de corte generalista.

Ante esta perspectiva, pues, los empleados públicos somos más necesarios que nunca. Tenemos que seguir sirviendo al interés general, y en las condiciones laborales y retributivas más duras que muchos de nosotros hayamos conocido dentro de la Administración. Debemos seguir procurando, dentro de nuestras posibilidades, que a pesar de estas condiciones adversas los ciudadanos sigan recibiendo unos servicios públicos de calidad.

Susana Macías 

Funcionaria de carrera de cuerpo superior de la Generalitat de Catalunya

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