Sin miedo al papel en blanco

Pintores que enfrentan un lienzo en blanco, escritores ante las primeras palabras de su próximo libro, músicos que tienen que transformar en símbolos melodías que sólo están en su cabeza, o estudiantes ante una pregunta de desarrollo; todos pueden sufrir el síndrome del miedo a la hoja en blanco, pues todos ellos se enfrentan a un proceso creativo.

Sí, es importante ser consciente de que el desarrollo de una pregunta de examen es un acto creativo, y que, por tanto, está sujeto a la incertidumbre que todo trabajo de estas características conlleva.

Ahora bien, esto no quiere decir ni que debamos “inventar” la respuesta, ni que la misma pueda o deba surgir de cualquier manera, sin control en cuanto a su estructura y contenido. Al contrario: existen métodos que nos ayudan a organizar nuestras ideas de la forma más adecuada posible y a perderle, así, el miedo al papel en blanco.

Son métodos que surgen como respuesta directa a lo que nos sucede, tanto a nivel fisiológico como psicológico, cuando el miedo se apodera de nosotros ante un reto de estas características. Empecemos entonces por el “conócete a ti mismo”, como rezaba ya el aforismo grabado en piedra en el templo de Apolo en Delfos, o como reza hoy el dicho popular, pues “nunca será mal sastre el que conoce el paño”.

A nivel fisiológico el miedo puede producir en nosotros opresión en el pecho, aceleración del pulso o sensación de ahogo. Por lo que lo primero que tenemos que hacer es darnos un tiempo para relajarnos y respirar profundamente y con calma.

Pero, además, a nivel psicológico, el miedo nos va a provocar también una serie de reacciones que pueden dificultar nuestra capacidad para mostrar el conocimiento sobre una determinada materia. Tenemos que ser conscientes de que puede producirse en nosotros una “tormenta mental” o “dispersión mental transitoria” fruto de la ansiedad del momento. Esta dispersión nos va a provocar, a su vez, inseguridad o sensación de bloqueo.

Lo que tenemos que hacer entonces es no caer en la frustración, sino utilizar estos elementos a nuestro favor. Y, por tanto, saber que las ideas que llegarán a nuestra cabeza lo harán de forma no lineal, pero que llegarán. Del mismo modo que el aire llegará también a nuestros pulmones, a pesar de que a ratos nos parezca que respiramos con dificultad. Ni nuestro conocimiento ni el oxígeno han desaparecido, se trata sólo una sensación momentánea.

Conscientes, así, de lo que provoca en nosotros la ansiedad, podremos reconducirla hasta llegar a un estado de concentración adecuado, sin esperar que éste se produzca desde el primer minuto.

Aquí os dejamos los cinco pasos a seguir para abordar cualquier pregunta de desarrollo cuando la ansiedad nos invade, y evitar así que nuestra cabeza nos juegue una mala pasada.

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