Los peligros de estudiar por Internet

Ser autodidacta en tiempos del Big Data no es fácil, a pesar de lo que pueda parecer a simple vista. Precisamente porque contamos con una gran cantidad de conocimiento a nuestro alcance, pero con pocas herramientas para decidir qué información es adecuada, fiable o simplemente útil en función de nuestros objetivos.

Es curioso, pero es un hecho que no ha dejado de producirse desde que Internet llegó a nuestras vidas y desde que empezó a convertirse en la gran biblioteca del mundo.

Estudiantes de cualquier edad, país o región ven como el contenido que necesitan está a su alcance en la Red. Pero eso no ha multiplicado de la misma forma el número de graduados, especialistas o aprobados en cualquier materia.

La razón es que los peligros de estudiar por Internet son más de los que podemos imaginar a simple vista y que para superarlos necesitamos, de entrada, conocerlos;

EL EFECTO “TELÉFONO ROTO”. Es el que se produce en el archiconocido juego infantil, que demuestra que cuando “trasladamos” información de un receptor a otro, el contenido original se “contamina” en cada trasvase, hasta perder su sentido original.

Un efecto al que no es inmune Internet, donde la información se replica y reelabora sin cesar desde cualquier parte del mundo, por lo que puede perder valor y veracidad a la misma velocidad.

Por ejemplo, las conclusiones de un estudio científico pueden volcarse en la Web y de ahí pasar de una a otra página muy rápidamente, lo que aumenta el riesgo de que el contenido se modifique, incluso de forma involuntaria.

Por eso es bueno comprobar la información en diferentes fuentes y, por supuesto, asegurarnos de que éstas coinciden y son fiables, pues ahí se encuentra, precisamente, el siguiente gran peligro.

FUENTES POCO FIABLES. El prestigio o fiabilidad de la fuente es clave para estar seguros de que la información a la que estamos accediendo es la adecuada.

En ese sentido, la primera recomendación sería hacer uso de páginas oficiales, respaldadas por instituciones educativas que nos ofrezcan garantía suficiente. O de profesores o profesionales especializados de reconocido prestigio. De esta manera no es tan importante si un curso es gratuito o de pago, sino quien lo imparte.

Además, las fuentes más fiables suelen también hacer referencia (muchas veces a través de enlaces) a las originales, por lo que nos será más fácil comprobar que los datos o el conocimiento adquirido son correctos.

En resumen, se trata de esquivar las “fake news” de la educación.

FALTA DE ORIENTACIÓN.

Como si nos dejaran solos medio del océano. Así es como podemos llegar a sentirnos entre el mar de datos que circulan por Internet. Porque, incluso haciendo una criba inicial, es fácil que demos con un contenido que… O bien exceda al que necesitamos o estamos buscando, o bien se quede corto.

Además, saber cómo administrarlo, cuándo estamos preparados para una evaluación o cuándo necesitamos refuerzo no es fácil.

Por eso la mayoría solemos necesitar de la orientación de profesionales que conozcan la materia en profundidad, o incluso que sepan advertirnos cuándo una información está desactualizada o contiene datos incorrectos o no relevantes. Sin esta tutoría va a ser difícil que nos preparemos de forma adecuada para nuestro objetivo académico. Y menos aún que tengamos éxito.

Esta es la razón por la cual los centros y las instituciones educativas, lejos de perder importancia en estos tiempos, han aumentado su actividad y su reconocimiento por parte de los alumnos.

EXCESO DE INFORMACIÓN.

Podríamos hablar de la paradoja de la sobreinformación. Un exceso de conocimiento a tan sólo un click de distancia, que nos puede conducir directos a su contrario: la desinformación. Un peligro todavía mayor que el desconocimiento.

Algo que ya advirtieron allá por el siglo XVIII, en plena Ilustración, cuando en Francia decían aquello de que “hay tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe y saber lo que no debiera saberse”.

Además, el exceso también provoca un efecto saturación, produciendo cansancio y afectando a nuestra capacidad para memorizar datos.

Y es que, abrumados por tanto saber, es bueno aprender a separar la paja del trigo, pero sobre todo a decidir muy bien a qué dedicamos nuestro tiempo.

Por todo ello debemos poner siempre en práctica cuatro reglas de oro, para la curación de contenidos:

  • REALIZAR UNA BÚSQUEDA ADECUADA; y ello implica definir muy bien el contenido que necesitamos, buscar a través de las ideas clave y no hacer un uso exclusivo de los buscadores generalistas. De hecho “Google Academics” puede ser un buen inicio, pero también páginas especializadas. En el caso de los opositores, recomendamos siempre acudir al BOE, o a los boletines autonómicos. Y acudir también al texto literal de las leyes, cuando sea necesario.

Para ello, aquí dejamos también el articulado más habitual para opositores en formato Podcast, creada por Adams Formación.

  • COMPROBAR LA ACTUALIDAD de la información que estamos consultando. Un paso muy importante, y al que deberíamos siempre acostumbrarnos, no sólo como estudiantes, sino como internautas. Y es que, por supuesto que no es lo mismo un contenido actualizado, que uno que no ha sido modificado o revisado en más de 10 años.
  • COMPROBAR SIEMPRE LA FUENTE. Y si es posible ir a la fuente original. Algo a lo que están bien acostumbrados los periodistas o profesionales de la información, pero que suele pasar desapercibido para muchos usuarios habituales de Internet.

En cambio, si tu objetivo es acceder a contenido de calidad es imprescindible que revises de donde procede, y si se trata de una institución o centro educativo de reconocido prestigio, mucho mejor.

  • REVISAR SÓLO LA INFORMACIÓN QUE NECESITAMOS, evitando así que el aluvión de datos al que puede conducirnos la Red nos envuelva en su tela de araña. Y para ello, si eres estudiante, qué mejor que preguntar y dejarte asesorar por tus profesores.

Porque hoy, más que nunca, si aspiramos a la excelencia, necesitaremos a los mejores referentes.

 

 

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