La duda, una de las claves del aprendizaje significativo

Lo dijo Descartes, aunque no tenemos porqué tener una confianza ciega en sus palabras. A fin de cuentas, si nos enseñó a dudar de nuestras propias creencias, cómo no hacerlo de las de los demás.

Pero lo cierto es que hay algo clave en su defensa de la duda. Porque ésta no sólo es básica para el razonamiento, también para el aprendizaje.

Y quizá en ella radique, realmente, la diferencia entre lo que se conoce como estudiar de memoria, sin apenas comprender la información que incorporamos, y el aprendizaje significativo, que implica asimilar verdaderamente lo que estamos estudiando. Y para ello tenemos que ponerlo en contexto, relacionarlo con los datos que ya conocemos y hacernos preguntas, muchas preguntas…

Por eso, aquí te dejamos 3 técnicas para convertir a la duda en parte central de tu aprendizaje:

  • Las flash Cards. Sí, ya te hemos hablado de ellas. Se trata de tarjetas creadas por nosotros mismos, donde colocamos una pregunta y en el reverso su respuesta. De esta manera cuando nos asalte esa misma cuestión, volveremos a razonar del modo que lo hicimos inicialmente y daremos más rápidamente con su respuesta.
  • Las autoevaluaciones. Si aprendemos a utilizarlas serán de gran utilidad a la hora de sacar a la luz nuestras mayores lagunas, y por tanto, aquellos aspectos de la información que no nos han quedado realmente claros.
  • Los esquemas y mapas mentales. Elaborándolos ponemos en contexto la nueva información, y éste es, sin duda, el primer paso para que nos surjan, en cascada, una gran cantidad de dudas, cuya búsqueda de respuesta nos hará grabar la información en la memoria a largo plazo.

Y, por supuesto, aunque no lo incluimos cómo técnica, no hay que olvidar al más antiguo y eficaz método contra las dudas: Nuestro profesor. Preguntarle todas y cada una de las veces que lo necesitemos es clave. Y mejor si podemos hacerlo después de haber repasado por nosotros mismos una información. De esta forma nuestras cuestiones serán mucho más precisas.

Aunque las interrogantes nos deben acompañar a lo largo de todo el proceso de estudio. Porque nos activan la atención. Porque potencian nuestro interés sobre la información que nos llega. Y porque nos permiten concentrarnos en los aspectos que nos parecen más controvertidos o simplemente novedosos. Algo que aumenta la huella que deja un dato nuevo en nuestro cerebro. Y todo mientras favorece su evocación, al darnos una ruta para acceder a ella: la pregunta.

Si dudamos es porque en su día tuvimos un problema y lo resolvimos. Y cuando algo nos da satisfacción, no lo olvidamos facilmente. 😉

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