La curiosidad, un instinto básico

Lo dijo Einstein: “Lo importante es no dejar de hacer preguntas. No perder nunca la bendita curiosidad”.

Porque la curiosidad es un “instinto básico”, un impulso innato que con frecuencia minusvaloramos, pero que es y será el mejor amigo tanto de nuestra vida académica, como de nuestra vida profesional. Así lo afirma la ciencia, que sitúa a la curiosidad en el centro del aprendizaje y de la creatividad, y que demuestra cómo esta cualidad es clave tanto en el proceso de “memorización”, como en el de “producción” de contenidos.

Son muchos los estudios que apuntalan esta idea. Uno de los más importantes, que subraya este estrecho vínculo entre curiosidad y aprendizaje, fue realizado en California y dirigido por Matthias Gruber. El estudio revalorizó este instinto al demostrar que el sentir curiosidad por algo, no sólo facilita el aprendizaje de aquello que nos despierta dicha curiosidad, sino que nos coloca, a nivel cerebral, en “modo aprendizaje”, facilitando la retención de cualquier información que nos llegue mientras nos encontramos en dicho “modo”.

Gruber y su equipo confirmaron que “la curiosidad recluta el sistema de recompensa, y las interacciones entre el sistema de recompensa y el hipocampo parecen poner el cerebro en un estado en el que tiene más probabilidades de aprender y retener información, aunque esta información no sea de especial interés o importancia”.

Tanto humanos como animales nos ponemos en alerta ante la novedad, y eso nos permite activar los circuitos necesarios para aprehender la información de la forma más efectiva posible.

Pero si la curiosidad es clave en el estudio, no digamos en el trabajo. Un informe reciente del Future For Work Institute junto a Infojobs, revela también la importancia de esta capacidad en el entorno laboral en España. O, dicho de otro modo, el informe ofrece datos que demuestran que existe una relación positiva entre curiosidad y desempeño en el trabajo, “particularmente en puestos complejos o con límites menos definidos”.

El estudio señala primero, que la curiosidad no entiende de sexo, pero tampoco de edad, a diferencia de lo que se pueda imaginar en un principio, pues la acumulación de experiencias no reduce un ápice nuestra capacidad de asombro, sino que puede, incluso, aumentarla. Pero sobre todo confirma que las personas curiosas son más capaces de hallar soluciones efectivas ante nuevos problemas, son más perseverantes en su oficio, y dedican, de por sí, más tiempo a tareas no obligatorias, pero sí muy útiles para la mejora de su rendimiento personal. Por ello es más probable que un trabajador curioso acceda cada vez a puestos de mayor responsabilidad, que aquellos que no demuestran una activación muy alta de este instinto.

Eso sí, este último estudio demuestra también que las personas tendemos a sobrevalorar nuestra curiosidad y a pensar que somos más “exploradores” de lo que realmente resultamos ser.

Por eso, desde aquí te animamos a desarrollar este instinto al máximo, a descubrir cómo funciona nuestro cerebro cuando la curiosidad se pone en marcha, pero sobre todo a potenciar día a día esta motivación “extra”, que funciona a nivel inconsciente en la mayoría de especies animales, incluida la nuestra.

Por nuestra parte, te dejamos el enlace a los estudios que hemos citado, y un esquema para que no olvides cómo de importante es enfocarnos en materias y campos de trabajo que despierten, de por sí, nuestro “olfato” más entrometido y fisgón.

Enlace al artículo “En busca de la curiosidad”

Enlace al estudio de Infojobs sobre la curiosidad en el trabajo

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