La ciencia del aprendizaje

A continuación, te mostramos las técnicas y estrategias que mejor funcionan, según la ciencia, para incorporar y retener nueva información

Pero empecemos por una idea básica y de amplio consenso entre todos los investigadores: nuestro cerebro está en constante aprendizaje. Es decir, es capaz de aprender de forma periódica a lo largo de toda la vida. A esta capacidad se le llama neuroplasticidad. Y se puede desarrollar, amplificar y mejorar.

Veamos cómo…

  1. Cometiendo errores. Está comprobado que perder el miedo al error es fundamental para el aprendizaje, pues el cerebro retiene mejor cualquier información si ha pasado por un proceso de ensayo-error y de revisión en su incorporación. Y, en este sentido, es muy importante la realización de preguntas, o el ir al porqué profundo de las cosas. Pues ésta es la forma que tiene nuestro cerebro de “ubicar” la información en el lugar que verdaderamente le corresponde.

Aprender es relacionar conceptos, los nuevos con los ya asentados. Pero tenemos que ser conscientes de que hacerlo es el equivalente a buscar la salida de un laberinto, no importa tanto que nos confundamos de camino varias veces, sino que esto no nos impida seguir hasta dar con el camino adecuado. Porque cuando lo hacemos tenemos ya el hilo conductor que une la primera idea (la casilla de salida) con la nueva (la casilla de llegada).

  1. Definiendo nuevas rutas. Podemos hacerlo de distintas formas, pero todas implican ponernos a prueba. Y es que, como reza el dicho popular “el movimiento se demuestra andando”.

Sería el equivalente a realizar una nueva ruta en coche, por ejemplo, a un nuevo empleo. El primer día requerirá de toda nuestra atención para no errar el camino, pero poco a poco la interiorizamos, hasta realizarla de forma casi automática.

Pues lo mismo pasa con un nuevo dato. Si nos ponemos a prueba, mediante la realizando de test, exámenes o simplemente retándonos a nosotros mismos a recordar la información, y lo hacemos de forma constante, la “ruta” de acceso a dichos datos quedará grabada en nuestro cerebro.

  1. Evitando la saturación. Son numerosos los estudios que han comprobado que un cerebro saturado por un exceso de información retiene peor cualquier dato que uno descansado y “fresco”. Por tanto, huir de los “atracones” de estudio (completamente contraproducentes), comer de forma saludable (evitando también mantenerse despierto por horas y comiendo a menudo), espaciar de forma adecuada los tiempos (descansando cada 20 o 50 minutos) es fundamental.

En ese sentido existente diferentes técnicas que se han demostrado eficaces, como el método POMODORO, del que ya te hemos hablado en otras occasiones, y que están basadas en el hecho, comprobado científicamente, que una concentración máxima suele sostenerse durante un máximo de 20 minutos, y que pasados los 50 la pérdida de atención en un determinado tema es manifiesta en la mayoría de las personas.

  1. Aprendiendo de forma multisensorial. Cualquier información, si nos llega por varios sentidos a la vez, tiende a grabarse mejor que cuando lo hace sólo por uno. Por eso el uso de imágenes asociadas a determinados conceptos, la combinación de lectura con escucha activa de podcast relacionados con el tema y todo lo que hagamos para que la nueva información nos llegue por diferentes vías es muy positivo.

Además, se ha demostrado que el juego y la diversión, que mueven nuestras emociones con más fuerza son grandes aliados del aprendizaje, no sólo durante la infancia, si no a lo largo de toda la vida.

Lo cual es una gran noticia, ya que vivimos en un mundo donde la información multimedia es cada día más abundante y está disponible a través de nuevas tecnologías en diferentes formatos.

  1. Enseñando lo que vamos aprendiendo. Parece una paradoja, pero no lo es. Grabamos más y mejor aquello que enseñamos a los demás. Lo que demuestra que Einstein tenía toda la razón del mundo (como en muchas otras ocasiones) cuando dijo aquello de que “no entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela”.

Ahora bien, tampoco es necesario “torturar” a familiares y amigos con el temario completo de nuestra oposición para poner esta técnica en práctica.

Basta con organizarnos entre compañeros. Y podemos hacerlo de forma telemática. O incluso podemos grabarnos a nosotros mismos dándonos una detallada explicación del epígrafe y escucharla más adelante. ¡Las opciones no faltan!

 

En conclusión, la ciencia ha demostrado que se puede y se debe aprender a aprender, que el estudio se perfecciona con los años, y que, si ponemos en práctica lo que se ha demostrado efectivo, no sólo aprovecharemos al máximo nuestro tiempo, sino que lo haremos más descansados y sin tanto esfuerzo. ¿Qué más se puede pedir?

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