Qué podemos aprender del pulpo, el filósofo de los mares

Lo han llegado a llamar “el filósofo de los mares”, a pesar de que Aristóteles no llegara a captar nunca su audacia.  Es tímido, le gusta vivir en solitario y cazar por las noches. Aunque ha creado también verdaderas ciudades bajo el océano y consigue cambiar hasta su código genético si es necesario para sobrevivir.

Hablamos del pulpo, y de su sorprendente inteligencia, que va más allá de conseguir aprender códigos o abrir frascos. El pulpo es un auténtico superviviente acuático, y un verdadero ejemplo en muchos sentidos. Para hacernos una idea basta con saber que pone en funcionamiento más de 500 millones de neuronas, cuando otros moluscos con los que está emparentado no activan más de 20.000.

Es, junto a la jibia y al calamar, el único invertebrado que ha logrado un sistema de “sofisticación conductual”, según el Laboratorio de Biología Marina de Massachusetts, y tiene, además, algunas lecciones que darnos.

En primer lugar, el pulpo compensa su falta de esqueleto con una extraordinaria musculatura, lo que nos demuestra que no importan tanto nuestras carencias, como el desarrollo de nuestras cualidades. Pero vamos a ver, qué más tiene que enseñarnos este molusco, que perdió su concha hace ya millones de años…

  • El poder de la división de funciones. Animal multitarea.

El pulpo funciona por partes. Es un animal multitarea, en el sentido más amplio de la palabra. Tiene nueve cerebros, uno central y 8 en cada una de sus patas, donde se procesa una gran cantidad de información. De esta forma las neuronas están repartidas en diferentes “discos duros”, que a su vez se conectan unos a otros como si navegaran en Red. Todo ello provoca que una de sus patas ponga todos sus sentidos en cazar, mientras otra se comunica con otro pulpo, por ejemplo.

 

Ya sabemos que no es un poder fácil de imitar, por lo general los humanos no podemos concentrarnos de forma tan independiente en diferentes tareas, pero sí se ha demostrado que intercalar, por ejemplo, diferentes materias o actividades durante el estudio, beneficia de forma notable el aprendizaje y potencia las capacidades de los estudiantes.

 

  • La capacidad de adaptación en su máxima expresión. La técnica del camuflaje. 

Los pulpos son capaces de modificar su propio código genético para adaptarse mejor al ambiente. Son auténticos maestros del camuflaje. Poseen un genoma con un “sorprendente nivel de complejidad”, no sólo imitan colores, también texturas. Incluso, se les puede ver “convertidos” en otros animales. Definitivamente, fingir es lo suyo.

Y ya sabemos que no necesitamos imitar a nuestros compañeros para tener éxito en los estudios, pero lo que sí necesitamos es una considerable capacidad de adaptación a hora de proponernos cualquier meta a largo plazo, por lo que no nos vendría mal fijarnos en estos cefalópodos, pues ser un buen estudiante consiste, en buena medida, en adaptar la forma y el proceso de estudio a cualquier circunstancia. Más cuando el proceso es tan largo como el de una oposición.  

 

  • Los retos permanentes. La lucha contra el aburrimiento. 

Polifacético y camaleónico, el pulpo es también un animal al que le gusta vivir con retos permanentes. Si no los tienen llega, incluso, a padecer de “aburrimiento”. Por eso, los científicos han descubierto cuánto les gusta aprender códigos o armar puzles.

 

Y en este sentido sí tenemos mucho que aprender, pues la auto exigencia es fundamental para tener éxito en cualquier campo. No quedarse en lo que se nos pide, y tratar de ir más allá siempre será una buena actitud, pues no sólo aumentará nuestro conocimiento, también “mantendrá en forma” a nuestro cerebro.

 

Conclusión, mucho antes de hacernos disfrutar en la mesa, el pulpo puede convertirse para nosotros en un curioso ejemplo a seguir.

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