Qué dice y qué no dice la ciencia sobre el aprendizaje

Traducir el lenguaje científico al común no es fácil, y a menudo nos lleva a confusión. Por eso, es bueno revisar qué dice y qué no dice la ciencia realmente sobre determinados aspectos, y evitar así ser víctimas de las “leyendas urbanas” de la ciencia: los neuromitos.

Son malas interpretaciones de la neurociencia. Ideas erróneas que se asientan en el imaginario colectivo, y que se repiten una y otra vez. Probablemente empezaron como verdades a medias, como conclusiones rápidas de sesudas investigaciones, y pronto terminaron en frases hechas, en eslóganes que corren de boca en boca, despojadas ya de su fundamento científico; y por tanto, de aquello que les dotaba de sentido.

Se han convertido en neuromitos, que es necesario desmontar si queremos situarlos en su lugar, y entender mejor cómo funciona realmente el aprendizaje. Vamos a ello…

  1. No, no utilizamos sólo el 10% de nuestro cerebro.

Por más que lo hayamos escuchado no hay una base científica para esta afirmación. Al contrario, lo cierto es que casi todas las partes de nuestro cerebro se encuentran activas de una u otra forma la mayor parte del tiempo, incluso mientras dormimos. Así lo demuestran todos los estudios realizados en este sentido.

De hecho, si sólo utilizáramos el 10% de nuestra capacidad, las neuronas restantes se atrofiarían y morirían.

Por tanto, esa idea de que nos falta estimular el 90.% de la masa cerebral sólo lleva a confusión.

  1. Los hemisferios del cerebro no son independientes.

Sí, el cerebro tiene un hemisferio derecho y un hemisferio izquierdo, y pueden existir personas que optimicen más el uso de uno u otro, pero estos no son independientes y siempre que ponemos en marcha uno, el otro también se activa.

Por tanto, reducirse a la idea de que las personas capaces de activar su hemisferio derecho son creativas, y las que usan el izquierdo racionales es también falsa, según lo demuestran miles de escáneres de resonancia magnética funcional.

A pesar de ello se trata de un mito muy arraigado entre los docentes, por lo que conviene terminar con él.

  1. El ejercicio sí mejora el aprendizaje, pero no las conexiones entre los dos hemisferios del cerebro.
El famoso lema “Mens sana in corpore sano”, sigue siendo válido a pesar del paso de los siglos, y los avances científicos no dejan de consolidarlo, por eso desde Adams recomendamos siempre el ejercicio físico que favorece en muchos aspectos la actividad cerebral, y en consecuencia el aprendizaje.
Pero eso no significa que el ejercicio sea capaz de todo, y no es el encargado de favorecer las conexiones cerebrales entre los dos hemisferios del cerebro, derecho e izquierdo, a pesar de lo que se ha creído durante años.
En conclusión, el ejercicio físico nos ayudará a reducir el estrés, a reducir el riesgo de demencia con el paso de los años, a mantener una óptima plasticidad cerebral y a mejorar nuestra capacidad de aprendizaje, pero entre sus muchas virtudes no incluye la de fomentar las conexiones entre ambos hemisferios.
  1. Los estilos de aprendizaje no van unidos a diferentes modelos de enseñanza.

Efectivamente, no está probado que adaptando la enseñanza a las diferentes formas de aprehender y procesar la información se produzca un aprendizaje de mayor calidad. Y todo ello a pesar de la creencia de muchos profesores y centros de enseñanza.

No es que no existan inteligencias con mayor capacidad para captar información visual o auditiva que otras, incluso las conocidas como “kinestésicas”, pero esto no implica que existan sólo estos tres modelos (la realidad es mucho más compleja), ni tampoco que adaptar la enseñanza a estos modelos surta un mejor efecto que no hacerlo. Así lo han demostrado la mayoría de estudios realizados.

  1. Existen periodos críticos en el aprendizaje, pero no fechas de caducidad…

Es un mito muy extendido y que tensa sobremanera a los padres preocupados por el desarrollo neuronal de sus hijos, el creer que hay determinadas cosas que si no se han aprendido o desarrollado antes de determinada edad, se perderán para siempre. Y nada más lejos de la realidad, pues si el cerebro es una esponja a los 2 años, a los 6 no habrá dejado de serlo, incluso tampoco a los 40 ni a los 60. Puede que con menos edad tengamos una capacidad de absorción mayor, pero eso no significa que dejemos de absorber información a lo largo de toda nuestra vida.

Por supuesto que existen periodos críticos para el aprendizaje, como el que media entre los 0 y los 3 años, pero eso no significa que si no aprovechamos al máximo ese tramo de edad quedemos atrás a nivel educativo. El aprendizaje no funciona igual para todos, no es tan lineal, y mucho menos tiene fechas de caducidad.

 

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